En una noche no tan fría, me recorre una sensación helada que me abraza los hombros y hace temblar todo el cuerpo, las lágrimas no atinan a desbordarse, porque algo en mi interior les grita que no lo hagan, que no vale la pena, que ese camino ya está más que recorrido y el porque, más que comprendido también.
Queriendo huir como una, dos, un sin fin de veces o más, me encuentro frente a palabras que se desbordan como ya ha empezado a hacerlo el sentimiento a través de mis ojos, mientras mi cerebro se repite, cobarde, estúpida, no lo dudes más y mi corazón esconde ese sentimiento que no me permite respirar, que como en otras ocasiones me tranquiliza y solo deja el sabor amargo del dolor, del engaño.
Cuánto tiempo más resistirá mi cordura? El miedo apoyado por la desesperación, el resentimiento, la dignidad y el amor que aún queda me ayudarán a tomar lo que sólo es mío y lo queda de mi para cruzar la puerta, cerrarla y aceptar de una vez por todas que esto no cambiará, que él no cambiará....?
Ahogada en sollozos no me permito pensar, solo sé que el frío se abrazó una vez más de mi, que me vence la desilusión y me digo, aun es tiempo de renunciar porque no la vas a dejar... y no me vas a dejar… y... obvio, nunca vas a cambiar.